Observatorio Esclerosis Múltiple

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¿Cuáles son los síntomas?

¿Cómo gestionar la espasticidad en la esclerosis múltiple?

 

28/06/2019     Comentar
espasticidad esclerosis multiple

La espasticidad, un trastorno caracterizado por la rigidez muscular y los espasmos involuntarios, es un síntoma común de la esclerosis múltiple (EM). Dificulta la movilidad, puede provocar dolor, y tiene un impacto en la calidad de vida de las personas con EM. Sin embargo, cuando la espasticidad se trata adecuadamente, los síntomas inmediatos y las complicaciones se pueden evitar.

En la esclerosis múltiple, la espasticidad se debe principalmente a las lesiones en las vías motoras del sistema nervioso central, la médula y el cerebro. El afectado lo percibe como una sensación de rigidez o tensión incrementada en los músculos, que entorpece el movimiento, le resta habilidad y aumenta su fatiga. Cuando va acompañado de espasmos musculares, la persona con EM describe una sensación de estiramiento o sacudida que, en ocasiones, puede resultar dolorosa.

Se estima que hasta un 85 % de las personas con EM padece espasticidad en algún grado. Este problema relacionado con la EM puede aparecer en cualquier momento del transcurso de la enfermedad. Sin embargo, ser varón, tener una edad avanzada y padecer la enfermedad desde un período de tiempo largo son aspectos que se asocian con una mayor gravedad del trastorno.

El grado de espasticidad varía enormemente entre las personas con esclerosis múltiple e, incluso, en la misma persona a lo largo del tiempo.

El afectado puede experimentar desde una ligera molestia a una discapacidad motora significativa o complicaciones médicas, como deformidades articulares o contracturas. A consecuencia de esta fluctuación y de la evolución constante en la espasticidad, cualquier tratamiento o programa de rehabilitación debe ajustarse a las diferentes etapas de la enfermedad y también debe adaptarse a otros síntomas relacionados con la EM que sufra la persona.

El tratamiento rehabilitador tiene como objetivo mejorar o conservar las funciones motrices y a la vez minimizar los efectos de debilidad, la espasticidad, dolor y otros síntomas; debe ser diseñado por un equipo multidisciplinario (neurólogo, fisioterapeuta, enfermero, terapeuta ocupacional, entre otros) y tiene que contar con la participación tanto del afectado como de sus cuidadores.

Por tanto, la variabilidad de la espasticidad a lo largo del curso de la enfermedad hace que el tratamiento de la espasticidad sea todo un reto y se deberá revaluar frecuentemente su eficacia:

Espasticidad leve

El afectado a menudo no tiene sensación de rigidez muscular, aunque un terapeuta sí puede detectar los signos que la acompañan. En este caso, se aconseja mantener un buen estado físico general para conservar la flexibilidad muscular de forma óptima. El fisioterapeuta indicará a cada persona cuáles son los estiramientos que puede practicar y los ejercicios para fortalecer los músculos débiles.

Espasticidad moderada

La espasticidad en ciertos músculos claves como los gemelos o los cuádriceps puede afectar a la marcha debido a una posición del pie girada hacia adentro o por las rodillas rígidas, entre otros problemas. La persona con EM deberá practicar movimientos inhibidores del tono muscular, como traspasar pesos entre las piernas, inclinaciones hacia adelante, estiramientos, hidroterapia o hipoterapia (equitación terapéutica), y deberá fortalecer los músculos débiles siempre que sea posible. Podría llegar a ser necesaria una ortesis o férula antiequina, dispositivos para facilitar el acto de caminar.

Espasticidad grave

En este caso, el fisioterapeuta puede incluir la movilización pasiva de las piernas, los brazos y del tronco para prevenir las contracturas, las deformidades articulares y ayudar a facilitar las posiciones normales. En el caso de que se necesite la ayuda de una silla de ruedas para desplazarse, la rehabilitación deberá incluir ejercicios o estrategias que ayuden a prevenir el acortamiento muscular a largo plazo, como por ejemplo, incluir cojines especiales o cintas que ayuden a mantener la pelvis bien colocada y las rodillas separadas.

 

Fuentes de información

La espasticidad en EM. MS in focus, nº 12, 2008. Multiple Sclerosis International Federation [accés: 3 de maig de 2013]. Disponible en: https://www.msif.org/wp-content/uploads/2014/09/MS-in-focus-11-Spasticity-English.pdf

Grupo Español de Espasticidad. Vivancos-Matellano, F. et al. Guía del tratamiento integral de la espasticidad. Rev. Neurol 2007; 45 (6): 365-375 [accés: 3 de maig de 2013]. Disponible en: http://www.guiadisc.com/wp-content/uploads/2011/09/guia.de_.tratamiento.integral.de_.la_.espasticidad.pdf

Rémy-Néris, O. et al. Espasticidad. Enciclopedia Médico-Quirúrgic [accés: 3 de maig de 2013]. Disponible en: https://es.scribd.com/doc/56781887/Espasticidad

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