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La influencia de la alimentación en la aparición y evolución de la EM (Primera parte)

 

11/12/2014     Comentar
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¿La alimentación influye en la esclerosis múltiple? Esta es una de las preguntas que se hacen muchas personas con EM y sus cuidadores. Cabe destacar, sin embargo, que a pesar de existir estudios que ponen en valor la relación entre la dieta y la evolución de la EM, no hay suficiente evidencia científica para considerar una dieta muy concreta como la más adecuada.

La alimentación correcta en la EM es una de las cuestiones que más interés genera en las personas con EM y en sus cuidadores. Existen numerosos estudios que valoran la relación entre la dieta y la evolución de la EM, pero no con la suficiente evidencia científica como para poder recomendar una dieta concreta. Cuando hablamos sobre alimentación y EM nos surgen dos grandes preguntas sobre las que cada vez tenemos más respuestas:

- ¿Cómo influye la alimentación en la aparición de la EM?
- ¿Cómo influye la alimentación en la evolución de la EM?

Alimentación y causas de la EM

La EM es una enfermedad autoinmune, es decir, resultado de un ataque del sistema inmune de las personas sobre algunas partes del propio cuerpo. En su aparición contribuyen factores genéticos y ambientales.

En este sentido, cabe destacar que son muchos los elementos ambientales que se han asociado a la EM. Entre ellos, ha quedado demostrada la relación con la Vitamina Dy eltabaco. Además, la dieta también es un posible factor de riesgo. Algunos estudios han demostrado que el peso elevado durante la adolescencia incrementa el riesgo de susceptibilidad a la EM y muchas investigaciones hablan de una mayor prevalencia de la enfermedad en países donde el consumo de grasas saturadas es más elevado. También hay investigadores que asocian el consumo de sal en la dieta con un incremento en la actividad de la enfermedad. Parece pues, que la dieta puede jugar un papel importante en el riesgo de desarrollar EM.

Alimentación y evolución de la EM

Desde mediados del siglo XX, cuando Swank empezó a hablar sobre la relación entre la EM y el consumo de grasas saturadas, se han publicado numerosas dietas como la de Swank o la de Weil, con el objetivo de mejorar la evolución de la enfermedad. Cabe decir, sin embargo, que los estudios publicados no son concluyentes y que, de momento, los profesionales sanitarios no pueden recomendar ningún suplemento dietético ni la eliminación de determinados alimentos de la dieta para modificar la evolución de la EM.

Sin embargo, sí que parece que existe una relación biológica entre las grasas saturadas y el proceso inflamatorio de la EM.

La evidencia científica, a pesar de ser limitada, sugiere que puede tener un efecto beneficioso el incremento del consumo de pescado y marisco (por su elevado contenido en grasas poliinsaturadas y vitamina D), una disminución de las grasas saturadas y un incremento del consumo de frutas y verduras (por su alto contenido en vitaminas y antioxidantes).

La base de la alimentación, por lo tanto, debe ser una dieta equilibrada que asegure un aporte correcto de nutrientes.

Una dieta inadecuada puede implicar un riesgo de malnutrición, el cual supone una alteración de la nutrición por exceso (obesidad) o por defecto (desnutrición). Esta última se ha asociado con la alteración del sistema inmune, con la afectación de la función mental, de los músculos respiratorios y con un incremento del riesgo de deficiencias de nutrientes específicos. La desnutrición puede impactar directamente sobre la salud de la persona con EM y, por lo tanto, agravar su enfermedad.

De este modo, pues, a pesar de no contar con una dieta específicamente recomendada para personas con EM, es necesario tener presente que la dieta es un factor relevante en la evolución de ésta. Seguir las pautas de una dieta equilibrada es la mejor forma de gestionar la EM pero también es un elemento de prevención importante.

Por Cinta Zabay, enfermera.

Bibliografía

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5. Lauer, K. Dietary exposures and multiple sclerosis: a review. Revista Española de Esclerosis Multiple nº19. Set 2011. Pag 13-21.

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